Mientras leemos
en los titulares que “nuestro país crece a tasas asiáticas”, solo superado en
la región por Argentina, que Brasil alcanza un crecimiento similar, y todos los
países de la región lo hacen a alrededor de 9 o 10% anual, debido al precio de
las commodities y a las cantidades
record exportadas, en Mozambique, uno de
los países del viejo continente africano con el peor índice de desarrollo
humano, vive una masacre por el aumento del precio del pan. Podríamos señalar innumerables ejemplos de
estos problemas.
No es nuestro
objetivo en este humilde aporte traer sobre el papel el viejo refritado del
apocalipsis o del fin de los días, ni mucho menos, ya que consideramos
que, al momento en que Hollywood lo
recurre día a día, pareciese que
despierta más el “sálvese quien pueda” o el “vivamos hoy sin pensar en mañana”,
que un sentido crítico que apunte a la movilización para la solución y la
búsqueda de los responsables. Otras, apunta al auto daño, el auto castigo, instancia más cómoda en cuanto no exige
soluciones y en cambio ayuda a que se nos dirija la atención para apañar
nuestro doloroso sufrimiento por ser sensibles a estos grandes problemas.
Creemos más redituable depositar nuestro tiempo en la búsqueda de
soluciones y responsables de estos problemas.
En nuestro país,
un pequeño rincón de América Latina, luego de sufrir la apertura conveniente a
los países centrales en las décadas del 80 y el 90, de quedar reducidos a una
playa turística con buenos servicios y una propicia plaza financiera,
comenzamos a experimentar la nueva vuelta de tuercas cuando el capitalismo
central sufrió la crisis de sobreacumulación y le fue necesario nuevos mercados
de reinversión a donde volcar sus enormes cantidades de capitales.
En nuestro caso
solo en el segundo trimestre de este año, se alcanzó un crecimiento de un 10,4%
del PBI. Así es notable el crecimiento
económico que vivimos buena parte de los países dependientes, algunos dirán
menos dependientes resultado de la riqueza que ingresa, nosotros decimos más
dependientes que nunca. Nuestro país proporcionalmente, solo fue superado por
nuestra vecina, Argentina. Sin embargo,
allí, a pesar de lo insistente de su política de industrialización, tan
criticada por todos los medios y oligarcas de nuestra vuelta, respecto a la
detracción de exportaciones, “el decil
más rico (…) tiene un ingreso per cápita más alto que esa fracción de la
sociedad de los países anglosajones, mientras que la población con menores ingresos
a nivel local es, a su vez, veinte veces más pobre que los estratos más bajos
de los países desarrollados”1. Por otro lado, respecto a los
bienes de capital, en Argentina, en la décadas…“’60 y ’70, el 5 por ciento de
los bienes de capital usados por la industria nacional era importado y en la
década del ’90 ese porcentaje pasó a ser de 55 por ciento de maquinarias y
equipos”2….
Así, mientras las economías dependientes crecen, la concentración del
capital se profundiza, el conjunto de la economía se primariza, en tanto el
ingreso del trabajo es apenas subsidiario, de baja intensidad tecnológica,
provocando mayor desigualdad y sobre todo mayor dependencia. El crecimiento
está signado por bienes con poco o nada
de valor agregado dejando para nuestros países,
pobreza y subdesarrollo sobre la cual es día a día más difícil sembrar tanto el
conocimiento y la prosperidad como la paz. Ni que decir de lo que se acota la base de lanzamiento de
proyectos nacionales.
Otro de los resultados de este mismo panorama es el encarecimiento de
la vida al interior de nuestros países, cuando es más viable exportar lo que
producimos que comerlo o beberlo, además de lo interesante que significa la
obtención de las nuevas mercancías tan caras como suntuosas, que producen los
mismos países a los que vendemos, nuestras vacas, nuestros granos, nuestras
riquezas naturales.
Así lo que queda
por destacar es el precio que se paga cuando miramos bajo nuestros pies. La
tierra… La tierra es hoy y más que nunca el elemento clave además de la medida
en que se dirime el problema de la dependencia y el futuro de nuestras naciones
del tercer mundo. Hace solo un par de semanas hemos visto una noticia en laque la FAO (Organización de las
Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación ) lanza a la opinión pública una
advertencia sobre el destino de las zonas sustentables del mundo, las zonas
pobres, cuando los países centrales y las más grandes transnacionales han
salido con colosal agresividad a la compra de tierras y agudizarán en los
próximos años su embestida en el intento de reservar para sí las garantías de
su reproducción, como las rentas de una debacle causada por la escases de
alimentos.
Así la lucha por la Liberación Nacional
de los países de nuestro hemisferio sufre una de las mayores estocadas
enfrentando la opulencia de los mayores capitales, sustentada en nuestra
miseria y en nuestra esperanza de ser como ellos o parecidos, en lo que
respecta a su confort y su modo de vida.
“Daewoo compró
más de un millón de hectáreas en Madagascar, (…) El organismo multilateral
(FAO) calculó que, en 2009, se cerraron acuerdos por 45 millones de hectáreas
(…) “Cada diez segundos un niño muere debido a la desnutrición” (…) “La agencia
especializada de Naciones Unidas estima que la cifra de 925 millones que
padecen hambre y desnutrición en el mundo”3.
Comienza a ser
imperioso revertir la marcha de estos procesos y encontrar los caminos de
resistir. Brasil ha acordado en estos días una ley que prohíbe la venta de
tierras a extranjeros en sus fronteras territoriales, ha aprobado otra ley que
topea las posibilidades de tenencia de la tierra en su territorio amazónico,
Argentina intenta disminuir el daño del tremendo saqueo a través de las
criticadas detracciones a las exportaciones, proponiendo revertir el proceso de
primarización, concentración y extranjerización volcando las nuevas ganancias a
una política industrializadora, en Venezuela se intenta lo mismo aunque basado
en la rentas nacionalizadas.
Nuestro país
actualmente resiste desprotegido toda la presión y pujanza del capital
transnacional sediento de renta y con ansias de garantizar para los ricos del
mundo el alimento. Creemos que es tiempo de impulsar una reestructura a nuestro
modelo de apropiación del capital en el Uruguay, de echar las bases de un
proyecto nacional y continental o mejor del sur, que garantice la soberanía o
por lo menos el alimento, no solo de nuestros gurises, sino de todos aquellos
de nuestro tercer mundo, africanos, asiáticos, y sudamericanos.
Es el momento más
propicio para hacerlo por la bonanza de los precios y la debilidad del mundo
central, pero podría significar también el asalto final a nuestra soberanía y
un destino de hambre para el mundo.
1- Noticias del portal 180, de
la segunda semana de setiembre. “La maldición de los commodities”, Pagina 12,
por Javier Lewkowicz, 21 de setiembre de
2010.
2- “Desarrollar un pensamiento
propio”, Pagina 12, 21 de setiembre de 2010.

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