miércoles, 18 de abril de 2012

El Hambre en el mundo


Los hombres y mujeres de nuestro siglo XXI, el siglo de la información, el siglo de la revolución tecnológica, de los días en que la especie alcanzó su mayor posibilidad a la hora de transformar la naturaleza en medios de vida, en alimentos, en comunicaciones, en abrigo, estamos obligados a considerar seriamente las posibilidades, la viabilidad de nuestros proyectos de vida, de nación, de civilización y por qué no, de la especie. Es profundamente paradójico y se nos presenta ante las narices el viejo par de contrarios de Ilustración/dominación, modernidad/subsistencia. Es decir, mientras hemos alcanzado un arsenal desmesurado de mercancías para nuestra reproducción como especie, se pone en evidencia lo inviable de sostenerlo y las posibilidades de volver a un mundo de subsistencia o perecer  en la opulencia.
                Mientras leemos en los titulares que “nuestro país crece a tasas asiáticas”, solo superado en la región por Argentina, que Brasil alcanza un crecimiento similar, y todos los países de la región lo hacen a alrededor de 9 o 10% anual, debido al precio de las commodities  y a las cantidades record exportadas,  en Mozambique, uno de los países del viejo continente africano con el peor índice de desarrollo humano, vive una masacre por el aumento del precio del pan.  Podríamos señalar innumerables ejemplos de estos problemas.
                No es nuestro objetivo en este humilde aporte traer sobre el papel el viejo refritado del apocalipsis o del fin de los días, ni mucho menos, ya que consideramos que,  al momento en que Hollywood lo recurre día a día,  pareciese que despierta más el “sálvese quien pueda” o el “vivamos hoy sin pensar en mañana”, que un sentido crítico que apunte a la movilización para la solución y la búsqueda de los responsables. Otras, apunta al auto daño, el auto castigo,  instancia más cómoda en cuanto no exige soluciones y en cambio ayuda a que se nos dirija la atención para apañar nuestro doloroso sufrimiento por ser sensibles a estos grandes problemas. 
Creemos más redituable depositar nuestro tiempo en la búsqueda de soluciones y responsables de estos problemas.
                En nuestro país, un pequeño rincón de América Latina, luego de sufrir la apertura conveniente a los países centrales en las décadas del 80 y el 90, de quedar reducidos a una playa turística con buenos servicios y una propicia plaza financiera, comenzamos a experimentar la nueva vuelta de tuercas cuando el capitalismo central sufrió la crisis de sobreacumulación y le fue necesario nuevos mercados de reinversión a donde volcar sus enormes cantidades de capitales.
                En nuestro caso solo en el segundo trimestre de este año, se alcanzó un crecimiento de un 10,4% del PBI.  Así es notable el crecimiento económico que vivimos buena parte de los países dependientes, algunos dirán menos dependientes resultado de la riqueza que ingresa, nosotros decimos más dependientes que nunca. Nuestro país proporcionalmente, solo fue superado por nuestra vecina, Argentina.  Sin embargo, allí, a pesar de lo insistente de su política de industrialización, tan criticada por todos los medios y oligarcas de nuestra vuelta, respecto a la detracción de exportaciones,  “el decil más rico (…) tiene un ingreso per cápita más alto que esa fracción de la sociedad de los países anglosajones, mientras que la población con menores ingresos a nivel local es, a su vez, veinte veces más pobre que los estratos más bajos de los países desarrollados”1.  Por otro lado, respecto a los bienes de capital, en Argentina, en la décadas…“’60 y ’70, el 5 por ciento de los bienes de capital usados por la industria nacional era importado y en la década del ’90 ese porcentaje pasó a ser de 55 por ciento de maquinarias y equipos”2….
Así, mientras las economías dependientes crecen, la concentración del capital se profundiza, el conjunto de la economía se primariza, en tanto el ingreso del trabajo es apenas subsidiario, de baja intensidad tecnológica, provocando mayor desigualdad y sobre todo mayor dependencia. El crecimiento está signado por  bienes con poco o nada de valor agregado dejando para  nuestros países, pobreza y subdesarrollo sobre la cual es día a día más difícil sembrar tanto el conocimiento y la prosperidad como la paz. Ni que decir de lo  que se acota la base de lanzamiento de proyectos nacionales.
Otro de los resultados de este mismo panorama es el encarecimiento de la vida al interior de nuestros países, cuando es más viable exportar lo que producimos que comerlo o beberlo, además de lo interesante que significa la obtención de las nuevas mercancías tan caras como suntuosas, que producen los mismos países a los que vendemos, nuestras vacas, nuestros granos, nuestras riquezas naturales.
                Así lo que queda por destacar es el precio que se paga cuando miramos bajo nuestros pies. La tierra… La tierra es hoy y más que nunca el elemento clave además de la medida en que se dirime el problema de la dependencia y el futuro de nuestras naciones del tercer mundo. Hace solo un par de semanas hemos visto una noticia en laque la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) lanza a la opinión pública una advertencia sobre el destino de las zonas sustentables del mundo, las zonas pobres, cuando los países centrales y las más grandes transnacionales han salido con colosal agresividad a la compra de tierras y agudizarán en los próximos años su embestida en el intento de reservar para sí las garantías de su reproducción, como las rentas de una debacle causada por la escases de alimentos.
                Así la lucha por la Liberación Nacional de los países de nuestro hemisferio sufre una de las mayores estocadas enfrentando la opulencia de los mayores capitales, sustentada en nuestra miseria y en nuestra esperanza de ser como ellos o parecidos, en lo que respecta a su confort y su modo de vida. 
                “Daewoo compró más de un millón de hectáreas en Madagascar, (…) El organismo multilateral (FAO) calculó que, en 2009, se cerraron acuerdos por 45 millones de hectáreas (…) “Cada diez segundos un niño muere debido a la desnutrición” (…) “La agencia especializada de Naciones Unidas estima que la cifra de 925 millones que padecen hambre y desnutrición en el mundo”3.
                Comienza a ser imperioso revertir la marcha de estos procesos y encontrar los caminos de resistir. Brasil ha acordado en estos días una ley que prohíbe la venta de tierras a extranjeros en sus fronteras territoriales, ha aprobado otra ley que topea las posibilidades de tenencia de la tierra en su territorio amazónico, Argentina intenta disminuir el daño del tremendo saqueo a través de las criticadas detracciones a las exportaciones, proponiendo revertir el proceso de primarización, concentración y extranjerización volcando las nuevas ganancias a una política industrializadora, en Venezuela se intenta lo mismo aunque basado en la rentas nacionalizadas.
                Nuestro país actualmente resiste desprotegido toda la presión y pujanza del capital transnacional sediento de renta y con ansias de garantizar para los ricos del mundo el alimento. Creemos que es tiempo de impulsar una reestructura a nuestro modelo de apropiación del capital en el Uruguay, de echar las bases de un proyecto nacional y continental o mejor del sur, que garantice la soberanía o por lo menos el alimento, no solo de nuestros gurises, sino de todos aquellos de nuestro tercer mundo, africanos, asiáticos, y sudamericanos.
                Es el momento más propicio para hacerlo por la bonanza de los precios y la debilidad del mundo central, pero podría significar también el asalto final a nuestra soberanía y un destino de hambre para el mundo.

 1- Noticias del portal 180, de la segunda semana de setiembre. “La maldición de los commodities”, Pagina 12, por  Javier Lewkowicz, 21 de setiembre de 2010.

 2- “Desarrollar un pensamiento propio”, Pagina 12, 21 de setiembre de 2010.

  3- Noticias del portal 180, de la segunda semana de setiembre. 


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