Decía Augusto Cesar Sandino que “El
hombre que se limita a exigir de su patria la porción de tierra suficiente para
su tumba, merece que le escuchen. Y no solo que le escuchen, sino además que le
crean”. Ahora, primero tenemos que saber donde están y luego como fue que pasó. Que siniestro pensamiento y
accionar perpetro tales atrocidades. Tales chispazos de obscena maldad capaz de
secuestrar, desaparecer, torturar y asesinar y mantener el cobarde silencio
durante 40 años. ¿Será la cobardía misma ante la bondad de la completa entrega de
tantos hombres y mujeres? ¿Miedo a aquellos que conciben vivir con dignidad? A
aquellos que están dispuestos a reclamar para sí y para sus iguales la porción
de tierra suficiente para su tumba. ¿O solamente a la verdad?
Hoy están volviendo como
siempre lo harán, para reclamar aquello, y están sembrados y nacientes en la
memoria de cada luchador ordinario que madruga o que descansa de día, para que
otros vivan en palacios pulcros y custodiados, sin otro que hacer que
contemplar y saciar su ambición y su codicia. Vuelven/volvemos para atormentar
los sueños de ellos. Porque así es para unos y otros. Para los ricos de
siempre, responsables de la miseria nuestra de cada día, de tantos años y para
sus esbirros ejecutantes y garantes de
sus más funestos y tenebrosos intereses.
Parece que la historia pudiera traer paz para tantos queridos
amigos, padres y madres, hijos y nietos y con ese virar de viento colocarse en
su orientación para soplar y limpiar impunes crímenes. Sin embargo el temporal
recién empieza o vuelve a empezar. Y cuando comienza con garúa asegura lluvia
para rato.
Por otro lado, en el mismo momento, se reavivan las mentiras y las
caricaturas sobre “los dos demonios” y “los buenos y los malos” o “los rojos
dictadores y los blancos democráticos”. Al mejor estilo de Hollywood. Continúan
sin asumir responsabilidad los que en nuestros tiempos como ayer engordan sus
arcas al precio de la claudicación y entrega de nuestros esfuerzos a los
gringos. Menos aún, asumen quienes han sido los perpetuos defensores y
redactores del discurso y la conciencia de la clase dominante.
Los crímenes no empezaron y terminaron con los milicos así como la
lucha y resistencia del pueblo no empezó ni terminó con sus elementos armados.
Pudiera parecer en broma pero hay que recordar que la dictadura fue
cívico-militar, que nos pretendía acabar con la “subversión” y que responde
fundamentalmente a intereses extranjeros. Que no fue una cruzada anticomunista,
que no pretendía conservar las instituciones ni la integridad nacional. Era
mucho más y algo completamente distinto y los resultados se extienden hasta hoy
en día.
En la vecina orilla, comienzan ha abrirse causa contra empresas
nacionales y extranjeras y contra sus listas negras de trabajadores
sindicalizados, y como responsables del carácter fundacional del nuevo modelo
económico parturiento de los peores años de miseria a nuestros países; el
neoliberalismo. Hay que recordar que todos los golpes de estado en nuestra
América Latina y el mundo dependiente, significan nada más y nada menos la
respuesta definitiva de los poderosos nacionales cipayos de los imperios contra
los pueblos que pretenden levantar cabeza ante la ignominiosa historia y a la
vez la fundación de un nuevo período de explotación que generalmente y esto
puede ser corroborado en los años que por suerte pasaron en nuestro país, es más
injusto y más sanguinario que el anterior al barrido a sangre y fuego,
reparador del orden del imperio sobre las naciones.
Hoy nosotros, las nuevas generaciones del Uruguay, de Latinoamérica,
quisiéramos sinceramente otra herencia. Nos gustaría haber encontrado un país
sin desaparecidos, sin compañeros testigos vivos de la tortura y la cárcel, con
fábricas funcionando, sin nuestras queridas barriadas empobrecidas y emigrantes
de todos los pueblos y rincones de nuestro país. Nos hubiera gustado mirar de otra
manera a quienes se encarga la defensa de la patria y de la “seguridad
pública”. Nos gustaría hablar con sinceridad y explicarles que podemos ser como
ellos tan soldados de la patria y que estamos para reclamar como esperamos que
lo hagan ellos mismos, la porción suficiente de tierra para nuestra tumba. Sin
embargo, esto más lejos que cercano no constituye nuestra actualidad nacional. Sinceramente,
los nuevos y jóvenes soldados de nuestro país deben cargar con la deshonra del
entreguismo protagonizado por los antiguos representantes de sus instituciones
y nosotros con la pena y la tristeza de miles de uruguayos que lucharon por un
Uruguay más justo y soberanos. Todos
juntos, soldados y pueblo, debemos continuar cargando con los parásitos
chupasangres, oligarcones pitucos, que no solamente siguen viviendo
suntuosamente de los que trabajamos en la ciudad y en el campo, sino que tejen
y ordenan el destino de nuestra patria en arreglos corruptos y encubiertos con
los amos del mundo. La historia se repite pero nunca de la misma
forma.
Sin embargo, ahora muchachos, no podemos aflojar y si bien se debe
esperar lo mejor no se debe jamás dejar de imaginar lo posible. Y lo posible
está hecho aunque no nos guste, también de la voluntad de los poderosos. Lo hicieron
y lo volverán a hacer aunque ya no con la anuencia de tantos y tantas, y con la
obsecuente dedicación de los que fueron en otros tiempos ejecutores y garantes de sus planes.
Los desafíos de hoy son mayores que los de ayer y menores que los de
mañana. Cuando el mundo central se desmorona y hará lo propio y necesario por
conservar su privilegiada situación.
Ante este desafío no alcanzará ni con el Ejército, ni con la Fuerza
Aérea ni con la Armada, ni tampoco con los trabajadores pobres organizados.
Hará falta nación y pueblo y patria grande latinoamericana.
Presente querido Julio, presente y latiente todos los corazones de
los que nos siguen reclamando ese pedazo de tierra…

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