lunes, 10 de septiembre de 2012

Nuestros reclamos, nuestro destino…


Decía Augusto Cesar Sandino que “El hombre que se limita a exigir de su patria la porción de tierra suficiente para su tumba, merece que le escuchen. Y no solo que le escuchen, sino además que le crean”. Ahora, primero tenemos que saber donde están y luego  como fue que pasó. Que siniestro pensamiento y accionar perpetro tales atrocidades. Tales chispazos de obscena maldad capaz de secuestrar, desaparecer, torturar y asesinar y mantener el cobarde silencio durante 40 años. ¿Será la cobardía misma ante la bondad de la completa entrega de tantos hombres y mujeres? ¿Miedo a aquellos que conciben vivir con dignidad? A aquellos que están dispuestos a reclamar para sí y para sus iguales la porción de tierra suficiente para su tumba. ¿O solamente a la verdad?
 Hoy están volviendo como siempre lo harán, para reclamar aquello, y están sembrados y nacientes en la memoria de cada luchador ordinario que madruga o que descansa de día, para que otros vivan en palacios pulcros y custodiados, sin otro que hacer que contemplar y saciar su ambición y su codicia. Vuelven/volvemos para atormentar los sueños de ellos. Porque así es para unos y otros. Para los ricos de siempre, responsables de la miseria nuestra de cada día, de tantos años y para sus esbirros ejecutantes y garantes  de sus más funestos y tenebrosos intereses.
Parece que la historia pudiera traer paz para tantos queridos amigos, padres y madres, hijos y nietos y con ese virar de viento colocarse en su orientación para soplar y limpiar impunes crímenes. Sin embargo el temporal recién empieza o vuelve a empezar. Y cuando comienza con garúa asegura lluvia para rato.
Por otro lado, en el mismo momento, se reavivan las mentiras y las caricaturas sobre “los dos demonios” y “los buenos y los malos” o “los rojos dictadores y los blancos democráticos”. Al mejor estilo de Hollywood. Continúan sin asumir responsabilidad los que en nuestros tiempos como ayer engordan sus arcas al precio de la claudicación y entrega de nuestros esfuerzos a los gringos. Menos aún, asumen quienes han sido los perpetuos defensores y redactores del discurso y la conciencia de la clase dominante.
Los crímenes no empezaron y terminaron con los milicos así como la lucha y resistencia del pueblo no empezó ni terminó con sus elementos armados. Pudiera parecer en broma pero hay que recordar que la dictadura fue cívico-militar, que nos pretendía acabar con la “subversión” y que responde fundamentalmente a intereses extranjeros. Que no fue una cruzada anticomunista, que no pretendía conservar las instituciones ni la integridad nacional. Era mucho más y algo completamente distinto y los resultados se extienden hasta hoy en día.

En la vecina orilla, comienzan ha abrirse causa contra empresas nacionales y extranjeras y contra sus listas negras de trabajadores sindicalizados, y como responsables del carácter fundacional del nuevo modelo económico parturiento de los peores años de miseria a nuestros países; el neoliberalismo. Hay que recordar que todos los golpes de estado en nuestra América Latina y el mundo dependiente, significan nada más y nada menos la respuesta definitiva de los poderosos nacionales cipayos de los imperios contra los pueblos que pretenden levantar cabeza ante la ignominiosa historia y a la vez la fundación de un nuevo período de explotación que generalmente y esto puede ser corroborado en los años que por suerte pasaron en nuestro país, es más injusto y más sanguinario que el anterior al barrido a sangre y fuego, reparador del orden del imperio sobre las naciones.
Hoy nosotros, las nuevas generaciones del Uruguay, de Latinoamérica, quisiéramos sinceramente otra herencia. Nos gustaría haber encontrado un país sin desaparecidos, sin compañeros testigos vivos de la tortura y la cárcel, con fábricas funcionando, sin nuestras queridas barriadas empobrecidas y emigrantes de todos los pueblos y rincones de nuestro país. Nos hubiera gustado mirar de otra manera a quienes se encarga la defensa de la patria y de la “seguridad pública”. Nos gustaría hablar con sinceridad y explicarles que podemos ser como ellos tan soldados de la patria y que estamos para reclamar como esperamos que lo hagan ellos mismos, la porción suficiente de tierra para nuestra tumba. Sin embargo, esto más lejos que cercano no constituye nuestra actualidad nacional. Sinceramente, los nuevos y jóvenes soldados de nuestro país deben cargar con la deshonra del entreguismo protagonizado por los antiguos representantes de sus instituciones y nosotros con la pena y la tristeza de miles de uruguayos que lucharon por un Uruguay más justo y soberanos. Todos juntos, soldados y pueblo, debemos continuar cargando con los parásitos chupasangres, oligarcones pitucos, que no solamente siguen viviendo suntuosamente de los que trabajamos en la ciudad y en el campo, sino que tejen y ordenan el destino de nuestra patria en arreglos corruptos y encubiertos con los amos del mundo. La historia se repite pero nunca de la misma forma.          
Sin embargo, ahora muchachos, no podemos aflojar y si bien se debe esperar lo mejor no se debe jamás dejar de imaginar lo posible. Y lo posible está hecho aunque no nos guste, también de la voluntad de los poderosos. Lo hicieron y lo volverán a hacer aunque ya no con la anuencia de tantos y tantas, y con la obsecuente dedicación de los que fueron en otros tiempos ejecutores  y garantes de sus planes.
Los desafíos de hoy son mayores que los de ayer y menores que los de mañana. Cuando el mundo central se desmorona y hará lo propio y necesario por conservar su privilegiada situación.
Ante este desafío no alcanzará ni con el Ejército, ni con la Fuerza Aérea ni con la Armada, ni tampoco con los trabajadores pobres organizados. Hará falta nación y pueblo y patria grande latinoamericana.   

Presente querido Julio, presente y latiente todos los corazones de los que nos siguen reclamando ese pedazo de tierra…    

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